"Las cosas no suceden por casualidad" le dijo una vez su madre a Gab, cuando después de una noche de muchas discusiones entre esta y su marido, decidieron separarse, sin darle Gab motivo alguno de aquella ruptura, de aquella desesperanza, de aquel mutuo sentimiento de odio, de aquella situación, y por tanto, motivo de lágrimas inmerecidas.
Gab siempre creyó en el amor, el amor de sus padres, su claro ejemplo de fidelidad, de únión, de confianza en que el destino existe, y que consigue que conozcamos al hombre de nuestra vida para vivir, con él y para él durante el resto de nuestras vidas, pero bueno, supongo que esto solo son historias de cuentos de hadas, que nunca, y me reitero, nunca se hacen realidad. Pero bueno, hay casos en los que el amor consigue unir a dos personas totalmente diferentes, digamos que "los opuestos se atraen".
Desde que los padres de Gab se separaron, su padre no ha hecho más que lamentarse sobre todo lo que pudo hacer mal, mientras que por otro lado, su madre, sigamos que ya no vive para contarlo, porque de alguna manera insospechada, o al menos era así para Gab, ella desapareció, se desvaneció, sin dar razón, sin despedirse al menos, murió, sí.
Gab siempre fue la niña de mamá, la niña que necesitaba mimitos, la que aborrecia que papá se pasase el día trabajando sin dedicarle al menos un minuto, pero ahora entiende que su padre solo quiere el bien para ella, y que quiere que crezca, no solo como persona, sino que quiere que madure, que sea una persona nueva, cosa que mamá nunca habría aceptado.
Por eso, papá decidió comprarle aquel apartamento tan céntrico, dándole pequeñas facilidades, y por supuesto otras que no lo fueron tanto.
Del día a la noche, Gab pasó de ser la típica niña rica de papá, a ser la niña responsable y madura que todo padre hubiese deseado siempre. Gab, la diferente, la ya irreconocible, tanto que decidió, hace pocos días, cambiar totalemente la estructura de su apartamento, completamente, sin ayuda de nadie, únicamente de ella misma y de su capacidad de creación y recuperación. "A la mierda los recuerdos, a la mierda todo. Toca empezar una vida nueva". Y así, Gab seleccionó a una asesora para que le ayudase a estructurar su apartamento, sus cosas, pero por supuesto, nada de recuerdos, todos fuera, menos los de las chicas, claro está.
Ahora le tocaba comenzar a diseñar, a escoger sillones nuevos, mesas elegantes, pero a la vez sencillas, una cama nueva, esa en la que a partir de ahora, iban a haber más que recuerdos.
A ver cuando sigues escribiendo, me gusta!
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